Parker el voyeur.

Written by Angelo Parra
01
Mar

Lectura para adultos. (se pide discreción)

–Buenos días linda– le dijo a Parker su vecina, lo hacía todos los días cuando la dama salía a pasear a sus perros, de la misma manera, y le dirigía la misma sonrisa amable que Parker sólo se limitaba a contestarle con una sonrisa igual.
–Te dijo linda– se burló Noa, su amigo, lleva siendo tu vecina más de un año y sigue creyendo que eres niña.
–Cállate idiota– replicó Parker –ya me cansé de corregir a cada persona que se confunde– luego perdió la mirada en el césped que rodeaba el conjunto de departamentos donde vivían.
Durante poco más de un año, ambos chicos que apenas llegaban a los 15 años de edad, le habían dirigido a la vecina miradas de deseo adolescente, sin contar las cientos de masturbaciones dedicadas a esa musa.
–¿Porqué si es mexicana te habla en inglés?– decía Noa aun con la mirada puesta en la puerta por la que acababa de desaparecer la hermosa dama morena.
–No tiene importancia, vámonos de aquí– Parker se veía abatido por la burla de su compañero –Hey, no te pongas así, es perfecto…–
–¿Perfecto?, ¿Qué tiene de perfecto que ella piense que soy una chica?– Parker cada vez se veía más molesto mientras subían las escaleras hacia el apartamento
–Pues si cree que eres una chica, no se molestará si te ve por ahi viéndola, no seas tonto amigo, podríamos fingir que somos novios o algo para acercarnos más a sus ventanas– el entusiasmo de Noa era muy cómico
–Eres un Idiota–
–Si amigo, ahora cuando salga, te gritaré que te amo, eso le asegurará que somos una especie de noviazgo extraño–
–No funcionará– decía aun desanimado
–Lo hará créeme–

Parker utilizaba el cabello corto, pero demasiado liso, y caía por su cara con un estilo muy emo, su rostro blanco y de facciones finas le daban un toque femenino con el que pocos chicos cuentan. Además, su ropa holgada y oscura también podía pasar por la de una niña muy poco femenina.
El plan de su amigo era descabellado, pero durante días, ese mismo plan entusiasmó a Parker de maneras que apenas quería reconocer frente a su amigo. Si se fingiría niña lo haría sin Noa estorbando con su lujuria desmedida de puerto.
La vecina, tenia dos hijas, una de la edad de los dos chicos y otra que rondaba los 10 años, ambas muy tímidas para entablar conversación.
Era extraño que a un niño de su edad le llamara más la atención de la mamá que fácilmente le doblaba la edad, que de la hija que podría ser su amiga o algo más. A Parker le encantaba ver a la señora Mexicana que salía cada tarde con sus perros vistiendo diminutos shorts y cómodas blusas que utilizaba sin usar un sujetador debajo.
El chico la veía desde su ventana y fantaseaba como sólo los chicos de su edad pueden hacer.
Jamás había visto al marido de su vecina, pensaba que que tal vez era una madre soltera, lo que ayudaba mucho con sus fantasías.

Una noche, mientras Parker paseaba por los alrededores del conjunto de departamentos, miró hacia la ventana del balcón de la dama Mexicana y se sorprendió al verla sobre su cama, con el celular frente a ella. Tenía alguna conversación con alguien porque sonreía. Su ropa era ligera, lo que se pondría una mujer para dormir. El chico se acercó y se arrastró para no ser descubierto mientras espiaba.
De un momento a otro, la dama comenzaba a desnudarse para alguien que la veía por el celular. Parker no daba crédito a lo que veía, su amor platónico yacía desnuda frente a él sin siquiera notar su presencia.
Luego de un momento de charla, la dama comenzaba a tocarse sensualmente. Frotaba sus senos morenos y lindos mientras la otra mano se acariciaba con sumo cuidado la entrepierna.
Parker estaba extasiado, metió la mano en su pantalón y comenzó a tocarse, estaba extremadamente excitado con el espectáculo que su vecina le ofrecía.
De un momento a otro, ella miró hacia donde él estaba, directamente a sus ojos, el chico quedó paralizado con la mano dentro de su pantalón, sin saber que hacer. Entonces, la coqueta dama le guiñó un ojo y siguió con lo que hacía.
Parker sorprendido y aún más excitado, continuó con su autosatisfacción escuchando los débiles gemidos que la dama al parecer le dedicaba a él y a quien la veía por el celular.
Noa jamás lo creería si se lo platicara.

Al día siguiente, la Mexicana charlaba con su hija adolescente sobre Parker:
–¿Parker?– decía extrañada la adolescente –no es una niña mamá, es un niño y va un grado más abajo que yo– la hermosa madre mexicana sólo abrió los ojos sorprendida y algo arrepentida de lo que había sucedido la noche anterior.

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