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Uxoricidio

Posted By: Angelo On:


UXORICIDIO

Lectura para adultos. Se pide discreción.

 

Era una noche fantástica, vino tinto, baile a media luz y luego, como cierre, David; Miriam lo veía bellísimo, delgado y con los músculos bien definidos. Y él la adoraba, y la trataba como tal, cada caricia era el roce de un escultor. El televisor seguía encendido en una película vieja blanco y negro. A ella le gustaba esa luz azulada que hacía que David se viera hermoso. El se colocó sobre ella, y con picardía, ella lo recibió con las piernas abiertas. Luego lo besó larga y apasionadamente mientras sentía el calor de su sexo entrar en su cuerpo. Los músculos de David se tensaron cuando arqueó su cuerpo hacia el techo y fue entonces cuando un estallido rebotó en las cuatro paredes. David se desplomó sobre ella y le golpeó la barbilla con la frente, con tanta fuerza que la dejó shock…
…shock, diablos, pero no era el golpe lo que la dejó en shock. Miró sus manos estupefacta, estaban cubiertas de sangre. Miró la mancha en la cabecera de yeso blanca con las letras MOTEL ANDRÓMEDA, los bordes del logotipo aun escurrían sangre…
…entonces entendió, levantó la cabeza y vio a su marido, aun sostenía el arma apuntando hacia ellos, un cigarro colgaba de sus labios haciendo figuras demoniacas a la luz del televisor. Luego caminó hacia la orilla de la habitación y se sentó en el sofá de la esquina, sin hacer ningún ruido, sin gritar, sin reprochar.
Miriam se quedó con la mirada en el techo, su corazón golpeaba las costillas por dentro, tanto que la lastimaba, estaba muda. El calor de la sangre de su amante calentaba su pecho y comenzaba a humedecer su espalda. Entonces comenzó a llorar, lo que pareció incomodar al marido que se levantó y caminó como una fiera hacia el baño.
Miriam sacudió la cara de David con desesperación, estaba muerto. Su llanto se hizo más sonoro cuando se percató del pene del cadaver que latía aun dentro de ella. Con un gemido apartó el cuerpo y se sentó en la cama, con las lágrimas empañando su visión y el miedo de morir en esa fea habitación de hotel.
–Eduardo, no me mates– logró decir muy despacio antes de romper a llorar desconsoladamente –No me mates por favor– suplicó saliendo de la cama con los brazos abrazando su pecho.
Su marido se lavaba las manos sin levantar la cabeza, era evidente que lloraba también.
Pensó en acercarse a su marido y suplicarle, pero la pistola sobre el lavamanos la disuadió. Entonces, en un arranque de esperanza, al ver a su marido de espaldas a ella, salió del cuarto lo más rápido que pudo y corrió por la callejuela del motel hacia la puerta donde estaría el personal, la lluvia la empapó al instante. A unos metros de llegar escuchó disparos a su espalda, se tiró al piso y su llanto se convirtió en un grito de auxilio. Miró a su esposo que caminaba hacia ella con tanta tranquilidad que el terror se apoderó de ella.
–No, por favor– gimió y levanto las manos en súplica.
–Miriam– dijo Eduardo apuntando el arma hacia su esposa –eso no se hace– sus palabras salieron con tanta furia, que cuentan los testigos fue inhumana. Entonces el herido esposo vació el cargador contra la madre de sus dos hijos, sin pensar en ellos, sin pensar que por una infidelidad y una venganza de celos, jamas volverían a ver sus padres.
¿Historia Real?


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